Lo efímero no vale menos por durar poco; a veces su brevedad es precisamente lo que lo vuelve irrepetible.

La tentación no promete lo mejor: promete lo inmediato.

 

La identidad es la historia que repetimos hasta olvidar que también podemos reescribirla.

 

 

La alegría comienza cuando dejamos de exigirle a la vida que sea distinta.

 

La longevidad no consiste en vivir más, sino en tardar más en dejar de estar vivo.


 

El malhechor empieza robando a otros y termina huyendo de sí mismo.

 

La lucidez empieza cuando dejamos de confundir lo que deseamos con lo que vemos.

Mandar es fácil; conseguir que otros quieran avanzar contigo es poder verdadero.

 


La vulgaridad no está en la falta de refinamiento, sino en la costumbre de rebajar todo lo valioso hasta que ya no exija altura interior.

 

La tenacidad no siempre derriba el muro de golpe: a veces lo vence porque regresa cada día al mismo lugar con la misma decisión.

 
La lealtad no se demuestra cuando todo favorece el vínculo, sino cuando mantenerse fiel empieza a costar algo.