Todo crimen comienza mucho antes del acto: nace cuando una conciencia deja de ver al otro como límite y empieza a verlo como obstáculo.

Mentir es usar las palabras no para revelar el mundo, sino para fabricar una niebla donde uno pueda moverse sin ser visto.
 

El traidor no siempre rompe un vínculo: a veces solo revela que nunca tuvo lealtad, sino conveniencia.

 

 
El embaucador no vende una mentira: detecta primero la debilidad ajena y luego la convierte en puerta.

 
El embaucador no engaña porque oculte la verdad, sino porque sabe disfrazar la mentira con el lenguaje que el otro desea oír.

Rumiar no es pensar: es quedarse masticando una herida hasta confundir el dolor con la lucidez.
 

 
La estupidez no consiste en no entender, sino en cerrar la puerta antes de que la comprensión pueda entrar.

El egoísmo es una habitación sin ventanas: protege del viento, pero también impide ver el horizonte.
 

La juventud no es una edad: es la ilusión de que el tiempo todavía negocia contigo.

 

El terror no siempre grita: a veces se sienta en silencio y espera a que la mente haga el resto.
 

La peor ceguera no es no ver: es mirar con los ojos llenos de certezas.